Hospital Tatamá
Un lugar para la vida
Pereira, Colombia
Colaboración con OPUS y Abalark
El Hospital Tatamá se concibe desde una comprensión contemporánea de la salud: no como respuesta a la enfermedad, sino como una condición integral de bienestar físico, mental y social. Más que un edificio asistencial, el proyecto propone una infraestructura capaz de promover calidad de vida a través del espacio, la luz, la naturaleza y la experiencia cotidiana del usuario.
La implantación parte del entendimiento de la topografía y del paisaje del Eje Cafetero. A nivel peatonal se plantea un parque público que articula el acceso al hospital con jardines terapéuticos y recorridos de contemplación. Un sistema de agua recoge y canaliza las lluvias hacia una quebrada cercana, conectando el edificio con el territorio y reforzando la experiencia sensorial del conjunto. Patios vegetados perforan la plataforma principal, permitiendo iluminación y ventilación natural en los espacios interiores.
El edificio se organiza como un sistema claro y eficiente. Los programas de mayor intensidad operativa se ubican en los niveles inferiores, optimizando su funcionamiento. La estructura programática se divide en tres grandes grupos: procesos y tratamientos, hospitalización y atención ambulatoria. Esta distribución garantiza claridad en los flujos, eficiencia operativa y una experiencia comprensible para el usuario.
Arquitectónicamente, el hospital busca equilibrar tecnología y cercanía. Se reinterpretan elementos propios de la arquitectura del paisaje cafetero —patio central, balcones y presencia activa de la vegetación— para generar una relación constante entre interior y exterior. El clima tropical andino permite que los espacios se abran hacia el entorno, reduciendo la sensación de encierro tradicional en este tipo de edificaciones.
El sistema estructural en pórticos de concreto reforzado, con luces regulares de ocho metros, garantiza resistencia sísmica y flexibilidad futura. La cubierta metálica habilita actividades complementarias y protege los espacios principales. Cuatro núcleos de circulación vertical concentran redes e instalaciones, optimizando la operación del edificio.
Todos los espacios principales cuentan con ventilación e iluminación natural. Elementos de control solar regulan el confort térmico en habitaciones y áreas de servicio. Paneles solares aportan energía a las zonas comunes, y el sistema de recolección de aguas lluvias permite su reutilización en sanitarios y jardines.
El Hospital Tatamá no busca imponerse como objeto icónico, sino consolidarse como un organismo dentro de un sistema mayor: un lugar donde la arquitectura, la tecnología y el paisaje trabajan conjuntamente para cuidar la vida.


















