Casa 119
Bogotá, Colombia
La Casa 119 se ubica en Mosquera, en la Sabana de Bogotá, junto al club Serrezuela. El proyecto parte de una condición particular: una vivienda existente, parcialmente construida, cuya configuración original no respondía ni al lugar ni a las expectativas de sus propietarios. Más que un nuevo diseño, el encargo planteó una operación de transformación precisa sobre una estructura heredada.
La estrategia principal consistió en intervenir el volumen existente desde el interior, vaciándolo en su centro para introducir una doble altura que reorganiza por completo la casa. Este nuevo vacío se convierte en el corazón del proyecto, articulando visual y espacialmente las áreas sociales y estableciendo relaciones cruzadas entre los distintos niveles.
A partir de esta operación, la vivienda se completa lateralmente con dos nuevos cuerpos: uno que alberga el ala de habitaciones y otro que contiene los parqueaderos y servicios. Sobre el nivel superior se incorporan nuevos espacios —estudio, sala de televisión y gimnasio— conectados por un puente que atraviesa la doble altura y refuerza la continuidad visual del conjunto.
El acceso se concibe como una secuencia controlada. Desde el exterior, la casa se presenta como un volumen cerrado, casi hermético, que se abre únicamente a través de un umbral contenido. Al atravesarlo, el espacio se expande hacia un patio de acceso a manera de zaguán, abierto al cielo y densamente sembrado con vegetación nativa. Este espacio intermedio permite una transición gradual y revela, en un solo gesto, una doble transparencia que conecta el acceso con el jardín posterior.
La zona social se plantea como un espacio continuo y flexible. Cocina, comedor y sala pueden integrarse o separarse mediante paneles móviles de madera que permiten ajustar el grado de apertura según el uso. Esta condición refuerza la idea de una casa adaptable, donde los límites no son fijos sino configurables.
La materialidad —ladrillo de gran formato, concreto a la vista y celosías de madera— construye una arquitectura de filtros. La luz se tamiza, los espacios se protegen sin cerrarse completamente y el verde se incorpora de manera constante en la experiencia interior. Más que aislarse del entorno, la casa establece una relación controlada con el paisaje de la Sabana, integrándolo a través de patios, visuales y recorridos.
El resultado es una vivienda que, a partir de una estructura preexistente, redefine su lógica espacial para construir una experiencia basada en la secuencia, la luz y la relación con la naturaleza.




















